Hacia un nuevo modelo de liderazgo

Imagen Stefan Stefancik by Unsplash

Imagen Stefan Stefancik by UnsplashLos rápidos y constantes cambios sociales y tecnológicos que estamos viviendo desde hace sólo unas décadas y… los que puedan venir en adelante con la implantación de la inteligencia artificial, por ejemplo,… nos llevan a entender que debemos ir hacia un nuevo modelo de liderazgo.

Este fue el tema que tratamos en la sección Píldoras de inspiración del programa enComunicación donde comentamos la perspectiva de Barbara Kellerman, miembro fundadora de la Asociación Mundial de Liderazgo y autora del libro El fin del liderazgo.

Aporta un matiz nuevo “el sistema de liderazgo” con tres partes relevantes entre sí: el líder, los seguidores y el contexto. Algunas de las interesantes ideas se basan en:

  • La holocracia, los equipos de trabajo son autónomos para organizarse internamente para cumplir los objetivos
  • Poner a los seguidores en el foco de atención
  • El saber es compartido entre los miembros de la organización. Podríamos considerar el mentoring en doble sentido de líderes a colaboradores y viceversa
  • Liderazgo efímero de los cargos CEO al igual que el de las empresas globales que no tienen garantizado el protagonismo
  • El usuario manda en la era digital. De hecho, se han creado puestos de trabajo basados en el cliente como community manager o data analist.

También en esta perspectiva recomiendo el libro Business minds que recopila una serie de entrevistas con expertos de prestigio como Koter, Peters, Senge…entre otros.

Quiero destacar especialmente el punto de vista de Benis que enumera cuatro habilidades clave para el nuevo modelo de liderazgo:

  • Entender y practicar la apreciación de los demás. Deben conocer y desarrollar el talento
  • Recordar constantemente al equipo qué es lo importante
  • Generar y mantener la confianza
  • Líder y colaboradores son estrechos aliados

Con los grandes avances tecnológicos que puedan existir, estoy convencida de que el eje fundamental y estratégico estará en las personas, que seguirán teniendo el poder de transformar la realidad y lograr los objetivos propuestos, con independencia del tamaño de la organización.

Y en este entorno resulta clave el desarrollo un nuevo modelo de liderazgo.

“El ordenador” de nuestra mente

Imagen de Geralt
Imagen de Geralt

En la última sesión de Coaching para ti de la sexta temporada de enComunicación hablamos de un tercer elemento de la mente: el “ordenador”, como lo llama Steve Peters en su libro “La paradoja del chimpancé”.

Cuando nacemos, lo traemos vacío. Con el paso del tiempo tanto nuestro “chimpancé” como nuestro “humano” irán introduciendo pensamientos y conductas, como si fueran los archivos en el disco duro.

En este “ordenador” existen cuatro elementos que influyen en su funcionamiento:

  • El piloto automático. Es el pensamiento o conducta positiva y útil. Ejemplo: vestirse, caminar, asearse, etc.
  • El duende. Pensamiento o conducta inútil o negativa que puede frustrarnos o enfadarnos a la hora de tomar decisiones. Ejemplo: pensar por anticipado las peores situaciones negativas.
  • El trasgo es como el duende, pero mucho más arraigado y muy difícil de suprimir. Peters cita las conductas y pensamientos que adquirimos desde niños y que a veces siguen entorpeciendo nuestra vida adulta. Por ejemplo, un trasgo que he observado en sesiones de coaching con algunos hombres que dicen “los hombres no lloran”. Cuando comienzan a emocionarse por algún suceso ocurrido, rápidamente reprimen esta emoción y dicen esta frase en voz alta.
  • La piedra de la vida está formada por los valores, creencias y conductas por las que la persona guía su vida. Son el marco conceptual sobre aspectos que identificamos como positivos o necesarios en nuestra vida: honestidad, confianza, libertad, …

Como podemos ver, el ordenador tiene un disco duro donde el chimpancé y el humano toman información para conformar sus decisiones.  De ahí la importancia que adquiere el “ordenador” para los procesos de coaching.

Lo primero que tenemos que hacer es identificar a los duendes, trabajarlos internamente y convertirlos en pilotos automáticos. Si el chimpancé y el humano encuentran datos constructivos al consultar el ordenador, los aceptarán y actuarán correctamente. En cambio, si lo que encuentran es un duende destructivo, la acción irá en consecuencia con esa línea de pensamiento.

Peters pone el caso de saber decir “no” para eliminar un duende y transformarlo en piloto automático:

El duende de una persona que dice “sí” a todo porque no quiere dar una imagen negativa, quiere caer bien a los demás, al final logrará que la persona se sobrecargue de obligaciones, trabajo y situaciones que la abruman. Esto hará que se sienta cada vez más enfadada consigo misma y con los demás.

Entonces, debemos sustituir ese duende por un pensamiento que sea más adecuado y útil, nacido desde dentro de cada persona. Ejemplo: “las personas respetan a las personas asertivas”.

Todo esto lleva su tiempo. El cambio no se produce de la noche a la mañana. Aquí cuenta la persistencia constante en cada momento que nos “asalte” un duende de estas características. Además, es muy importante que la persona encuentre sus propias “verdades”, es decir, sus pensamientos que le sirvan para reforzarlos de forma continua.  Sólo así quedarán grabadas en el ordenador.

A veces ocurre que aparecen varios duendes al mismo tiempo. Aquí no cabe otra opción que “separarlos”. Peters aconseja que los escribamos en un papel a medida que los vayamos identificando. Una vez hecho esto, se trata de “transformar” uno a uno cada duende basándose en la “verdad” adecuada para conseguir el piloto automático respectivo.

Algunos ejemplos de duendes y verdades pueden ser:

  • “Tengo que causar buena impresión” a transformar en una verdad como “Sólo puedo ser yo mismo. No tengo por qué caerle bien a todo el mundo”
  • “Me juzgarán” puede cambiarse en un piloto automático como “No puedo evitar que me juzguen, pero sí disfrutar de quien soy”

Animo a todas las personas para que reflexionen sobre las experiencias que tengan y cómo las interpretan. Tanto los pilotos automáticos como los duendes se introducen en el ordenador con cada experiencia, con los intercambios de opiniones y con las enseñanzas que recibimos.

Si valoramos esas experiencias como positivas, en el futuro serán respuestas automáticas que “el ordenador” de nuestra mente dará a situaciones similares, mientras que si son negativas, serán duendes que interferirán en la interpretación y vivencia de las mismas desatando nuevamente el conflicto entre “el chimpancé y el humano”.

 

La decisión es de cada persona.

Gestionar los conflictos mentales

Imagen de Geralt
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Todos en algunas ocasiones sentimos un intenso malestar por conflictos interiores que nos impiden tomar decisiones, sentirnos bien con nosotros mismos o tener el tipo de vida que quisiéramos.

Y en esto y mucho más interviene nuestro cerebro. En términos sencillos, dentro del mismo tenemos una zona primitiva y otra zona racional.

El libro “La paradoja del chimpancé” del Dr. Steve Peters, psiquiatra que trabaja para deportistas de elite y profesor en la Universidad de Sheffield, resulta muy adecuado para profundizar en este aspecto.

La zona primitiva –que Peters llama “Chimpancé”- se ocupa de preservar la supervivencia y de crear la siguiente generación, como forma de mantener la especie. Buscar alimentos y marcar el territorio, son algunas de las funciones de las que se ocupa esta zona.

En esta área se dan respuestas de Si / No.  No existe término medio: puede llegar construir o destruir.

Esto explica por qué a veces podemos ser nuestros mejores amigos y también nuestros peores enemigos.

Por otro lado, nuestra parte racional –denominada “Humano” por el psiquiatra Peters- analiza lo que sucede, busca pruebas y hechos que ayuden a tomar decisiones donde no medie la emoción. Se trata de nuestro pensamiento racional y lógico, evitando en ocasiones realizar juicios / opiniones.

El doctor explica que tanto el cerebro chimpancé como el cerebro humano necesitan existir y complementarse. Si el primero nos mantiene vivos, el otro busca conseguir las cosas que quiere en contextos de vida con principios éticos y morales para vivir en paz y armonía.

Para comprobar la acción implacable del chimpancé y el conflicto que se genera sobre el humano pongo el ejemplo de un escritor que comentaba “Cada paso que creía acertado para publicitar mi novela, era cercenado por mis miedos con la misma rapidez con que los ideaba. Ahora sé que son elaboraciones mentales que mis emociones se encargaban de producir y que rebosaban miedo al ridículo. A este primer momento de temor y desconfianza le seguía la resignación y la vuelta a la casilla de inicio sin opción a volver a tirar los dados”.

Y es que el chimpancé emocional es cinco veces más fuerte que el humano, en palabras de Peters. De ahí que no podamos vencer al chimpancé, sino de que lo tratemos de “orientar, encaminar…”.

Hablando con mayor precisión, de gestionar esas emociones, tarea nada sencilla en ocasiones.

¿Qué pasos tendríamos que seguir para gestionar los conflictos mentales?

  • Identificar en cada situación que nos encontremos quién está al mando ¿el chimpancé o el humano? A veces ambos están de acuerdo y esto es señal de que sentimos y hacemos lo correcto desde la mente y la emoción.
  • Comprender el proceso del cerebro para recibir la información. Todo lo entrante pasa siempre en primer lugar por nuestro lado chimpancé. Éste decide si debemos preocuparnos o no. En caso de que surja un motivo de preocupación, será el chimpancé quien controle las propias decisiones sobre lo que está pasando.
  • No controlar el lado emocional, sino gestionarlo dándole lo que necesita. Se trata de que escuchemos y liberemos la emoción) y la opinión que tenemos sobre algo que nos ha sucedido.

Una vez que la emoción se ha expresado de forma adecuada es posible recuperar un ánimo equilibrado, momento donde el cerebro humano podrá razonar y afrontar las dificultades.

Lo verdaderamente clave del asunto, en palabras de Peters, es que al cerebro chimpancé no le dominamos, sólo lo gestionamos.

Por último, no nos podemos limitar a considerar de una sola manera estas dos áreas del cerebro. Tanto el humano como el chimpancé pueden ser constructivos o destructivos.

En el próximo post conoceremos más aspectos de este apasionante mundo del cerebro.

 

Vencer el miedo al fracaso

Imagen de Sasint
Imagen de Sasint

En nuestra sociedad está mal visto fallar, a pesar de que existen numerosas frases compasivas con el error como “errar es de humanos y rectificar es de sabios”, “experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”,…y muchas más.  Sin embargo, parece que la opinión general se resiste a perdonar los fracasos.

Esto provoca que algunas personas tengan ideas limitantes sobre su propia valía y autoestima, conduciéndolas a temer el fracaso.

Conocer más sobre el miedo el fracaso fue el tema del que hablamos dentro del programa enComunicación.

Parece que a veces no necesitamos enemigos. Nosotros mismos podemos ser muy crueles a la hora de juzgarnos o de poner frenos que limiten nuestros avances y sueños.

Como ejemplo, hace unos días leí una interesante reflexión de una persona que decía textualmente: “Sé que soy mi peor enemigo, que le doy mucha más importancia a los comentarios negativos que a los positivos. Mi poca autoestima hace crecer el miedo al ridículo y al qué dirán en mi cabeza.”

Vemos aquí cómo nosotros mismos, a través del miedo, paralizamos la toma de decisiones y afectamos nuestra creatividad de forma negativa.

Robert Kelsey en su libro “¿Qué te detiene?” comenta que millones de personas inteligentes en todo el mundo normalmente no desarrollan todo su potencial debido al miedo al fracaso. Nosotros mismos, al decirnos que no podemos, afectamos nuestra conducta y esto nos puede llevar al fracaso. Así, este diálogo interior negativo lo transformamos en certeza y nos encontramos en una profecía autocumplida.

El miedo a no ser capaz o a ser rechazado por los demás supone un fuerte freno al éxito o a la obtención de metas alcanzables y realistas.

En este sentido, Kelsey cita a  Atkinson, de la Universidad de Stanford,  quien realizó una investigación sobre “Motivación para el éxito”.

En esta ocasión se dieron tareas relacionadas con el logro a un grupo de niños. En la primera etapa se observó que tenían dos reacciones respecto a la forma de afrontarlas: unos esperaban el éxito y otros esperaban un fracaso. Atkinson consideró entonces que la acción de una persona estaba influida según tuviera un nivel innato bajo o alto de «motivación para el éxito».

Durante el estudio se permitió que los mismos niños eligieran sus tareas. Se vio que los que tenían una motivación alta para triunfar elegían tareas con un nivel medio de exigencia, porque se centraban en las recompensas del éxito.

Sin embargo, los que tenían una motivación baja o sentían miedo a fracasar, se ponían nerviosos ante tareas de dificultad media y, en muchos casos, trataban de evitarlas por completo.

La conclusión de Atkinson fue que a las personas con fuerte motivación para conseguir sus objetivos no les preocupa en gran medida el fracaso. En cambio, las personas que sienten miedo a fallar temen la humillación y por eso evitan todo aquello que suponga un potencial de fracaso. Se conforman, diríamoslo así, con hacer tareas simples o afrontar algunas casi imposibles debido a que las consecuencias del fracaso serían valoradas por los demás con cierta benevolencia puesto que el éxito era muy improbable y, al menos, se les reconocería el mérito de haberlo intentado.

El fracaso siempre supone una experiencia positiva, a pesar de que resulte difícil aceptarlo así. Entender el fracaso desde una doble perspectiva ayudará a tener más recursos para aprender y superar esta circunstancia:

Si lo planteamos como una lección en el camino hacia nuestro objetivo, será así.

Si lo consideramos como una confirmación definitiva de nuestra personalidad o de que no podremos conseguirlo, encontraremos ese resultado.

La clave está en aceptar el fracaso como parte del viaje, sin temerlo. Levantarse, una vez más, para continuar adelante aprendiendo lo que la vida y nuestras actitudes nos enseñan.

En definitiva, el problema y la solución del miedo al fracaso están siempre en uno mismo, la persona.

Podemos cortarnos las alas sin atrevernos a salir nunca del nido o ser capaces de volar hacia grandes objetivos en nuestras vidas y sociedades.

 

¿Qué eliges tú?…

¿Cómo superar la adversidad sin morir en el intento?

Imagen de Makunin
Imagen de Makunin

Algunas circunstancias, propias o ajenas, nos ponen en situaciones límite y abren dos caminos ante nosotros: “tirar la toalla” y fracasar o seguir adelante contra viento y marea y adaptarnos a ese cambio. De este último hablamos en la sección Coaching para ti del programa enComunicación.

El diccionario de la RAE define “resiliencia” como

  1. capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
  2. capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido

Expertos psicólogos y neurólogos aconsejan trabajar esta habilidad desde la infancia. Educar para la superación de adversidades y la frustración supone también convertirnos en personas con mayor fortaleza emocional.

Alejandro De Barbieri, psicólogo uruguayo y autor del libro «Educar sin culpa», afirma que los padres intentan educar evitando la frustración de sus hijos. Les produce miedo decir No en contraposición a nuestros abuelos donde no existía el estado general de bienestar que tenemos hoy en día.

Barbieri cita a Fernando Savater cuando afirma que «Un papá que siempre dice que si a todo, (por la culpa), deja a su hijo vulnerable y frágil, porque la vida le va a decir que no muchas veces y debe poder hospedar ese dolor».  Prescindir del aprendizaje que produce dolor, también suponer perder las vivencias de felicidad.

En línea similar está Giles Lipovestky. Este autor francés, al presentar su libro “De la ligereza”, comentaba los altos índices de depresión y estrés que estamos viviendo actualmente a causa de una educación blanda, ligera, en comparación a la educación recibida en las sociedades tradicionales y antiguas donde se preparaba para vivir un mundo difícil.

La capacidad de resiliencia supone considerar en primer lugar la defensa y protección. Después se trata de buscar el equilibrio que enfrenta a la tensión. Estos pasos nos llevarán al compromiso y al desafío; a la superación y actitud positiva de la persona; a la responsabilidad y creatividad para superar la adversidad.

¿Cómo podemos ser más resilientes?

  • Asumiendo el cambio como parte de la vida.
  • Aceptando con serenidad las circunstancias que no podemos cambiar
  • Siendo conscientes de nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades.
  • Afrontando los problemas de frente y con decisión
  • Buscando ayuda de los demás, ya sean familiares, amistades u otras personas importantes de referencia
  • Confiando en nosotros mismos desde una perspectiva optimista. Esto ayudará a resolver los problemas que aparezcan
  • Planteándonos metas realistas y teniendo fuerza de voluntad para conseguirlas

En definitiva, a través de la resiliencia descubriremos el tesoro interno del coraje que desconocíamos tener hasta ese momento.

 

Lo que el cambio nos enseña

Imagen de Mathew Brodeur
Imagen de Mathew Brodeur

Los cambios forman parte sustancial de la vida. Algunos de ellos no los podemos esquivar ni controlar de forma total.

Se trata de asumir esta situación, por difícil que sea, y adaptarse.  Y a consecuencia de este paso y la travesía del propio proceso de cambio, encontrar lo positivo que existe en cada circunstancia que nos toca vivir.

La enseñanza del cambio, a mi modo de ver, sería como transitar por el mitológico “camino del héroe/heroína” donde nos encontraremos con toda clase de gigantes, peligros y amenazas, pero también con todo tipo de ayudas y oportunidades.

En el post anterior comentamos las etapas más difíciles del cambio: negación, frustración y depresión.

Ahora trataremos las últimas fases que nos llevan desde la adversidad a la búsqueda de oportunidades y nuevos caminos, con horizontes optimistas y positivos.

Comenzamos por la Exploración que se inicia cuando las personas, las organizaciones ya han reconocido y aceptado el cambio como tal.  En este nuevo escenario se buscan opciones mejores a las anteriores para vivir en la nueva etapa.

En esta transición el cambio se asume de manera positiva. Las personas y las organizaciones no están tanto en el foco interior de sí mismas, sino que comienzan a enfocarse en el entorno, en las novedades que se pueden presentar alrededor.

Las actitudes y comportamientos se centran en:

  • Buscar nuevas formas de actuar y pensar
  • Descubrir nuevas posibilidades
  • Resolver problemas.
  • Asumir riesgos y probar nuevas cosas.
  • Creatividad y abundancia de ideas.

Y por último, llegamos a la fase de Aceptación donde el cambio está instalado y superado plenamente. Aquí es donde empezamos a ser más optimistas y productivos tanto como personas como organizaciones. Se recupera la confianza y la sensación de logro y crecimiento.

Las actitudes y comportamientos característicos son:

  • Se adquieren nuevas habilidades
  • Se toma conciencia del proceso de cambio y del camino recorrido
  • El trabajo es más eficaz y eficiente.
  • Se alcanzan resultados que animan a continuar con el esfuerzo.

Este proceso que se explica linealmente, a veces no lo es tanto, debido a que en algunas fases nos asaltan bloqueos, dudas, temores tan intensos que nos llevan a desandar el camino y retroceder.  Lo importante es comprender cómo funciona el “juego”.

Algo similar a ciertos juegos infantiles, como el de la oca, donde a veces tenemos que esperar indefinidamente hasta poder avanzar, otras veces vamos hacia atrás y en otras tomamos impulso y recorremos con facilidad todos los pasos hasta llegar a destino.

Esto, por difícil que resulte asumirlo, está bien. Todas esas circunstancias son enriquecedoras, nos fortalecen y ayudan a vencer los obstáculos, a explorar nuevos horizontes que nos harán crecer como personas o como organizaciones.

 

Imagen de Kanbgch
Imagen de Kanbgch

Es la travesía que debemos aceptar para vivir la vida en plenitud…

Estoy convencida que esta es la gran enseñanza. Al menos para mí y para quienes fueron mis maestros y me transmitieron sus experiencias en este camino del coaching.

 

 

 

Cuando llega el huracán del cambio

Imagen NASA
Imagen NASA

La vida no es siempre estática ni tranquila. A lo largo de nuestra existencia, viviremos épocas de estabilidad y atravesaremos otras donde las condiciones exteriores serán muy adversas, con símiles meteorológicos de lluvia, viento…y hasta huracanes y tsunamis.

Estos vaivenes o “turbulencias” las sufriremos no sólo como personas, también como colectivos, en las organizaciones e incluso en los países…

Momentos de gran confusión e incertidumbre. Algunos serán cambios inesperados, otros previsibles, pero no deseados, (rupturas, enfermedad, fallecimientos, despidos, fusiones, quiebra….).

Llega el “huracán” del cambio y se lleva parte de lo que ha sido nuestra vida hasta el momento. Nos desaloja sin piedad ni contemplaciones de nuestra llamada zona de confort.

 

¿Cómo entender y asumir un cambio de estas características?

Primero, comprendiendo cómo funciona el proceso que tenemos por delante.

Es decir, racionalizando, dentro de lo que se pueda en esos momentos de fuerte intensidad emocional, cómo va a ser el camino que tendremos por delante para saber vivir las emociones que aparecerán en cada una de esas etapas.

Después prepararnos para saber cómo actuar y aceptar cada situación que sobrevendrá, superándola todo lo mejor que sea posible.

Imagen de Alexas Fotos
Imagen de Alexas Fotos

Por ello quiero compartir con los oyentes el modelo de las cinco etapas del duelo  desarrollado por la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross, que luego fue adaptado también al ámbito de las organizaciones por Dennis Jaffe y Cinthia Scott para tratar la gestión del cambio.

Estas etapas son: Negación, Frustración, Depresión, Exploración y Aceptación

En esta ocasión hablaré de las tres primeras, las más difíciles de enfrentar, sin duda.

Empezaremos por la Negación que supone una estrategia de defensa frente al cambio. Se piensa que ignorar el cambio lo hará desaparecer. Miramos hacia otro lado, hacia el pasado y el recuerdo de un tiempo mejor. Se culpa de la situación a otros, a las circunstancias, al destino. Y se busca la rutina como una forma de agarrarse a algo “seguro”.

Tenemos que aceptar este primer golpe del cambio y entenderlo como tal, con todo el cúmulo de emociones de tristeza, apatía, rabia y miedo que nos provoque. Vivirlo y aceptarlo así como es, con toda la dificultad que trae, para poder pasar a la siguiente fase.

Entramos en la Frustración cuando ya hemos reconocido que el cambio ha entrado en nuestras vidas, en la organización. Asumimos una actitud agresiva y defensiva ante el miedo al futuro. Nos invade una sensación de pérdida de poder, relaciones, estabilidad.

La negatividad y las quejas son constantes, apareciendo el victimismo y la resistencia al cambio en forma de apatía, unas veces, y de agresividad e ironía, otras.

Es importante entender esta etapa y estas emociones como el límite que marcamos de nuestra posición para no “perder” más. Pero cuando el malestar y el desgaste son grandes, hay que desprenderse de ellas, “soltarlas” de la manera más adecuada posible, antes que esas emociones nos dañen.

A veces, de la frustración –si no la sabemos afrontar bien- podemos pasar a la Depresión, a tocar fondo, al bloqueo y a la parálisis emocional. Se necesitarán grandes dosis de fortaleza interior e, incluso, de ayuda exterior para superar esta fase.

No podemos quedarnos mucho tiempo en la frustración ni en la depresión. Es lo peor que puede suceder por las consecuencias físicas y emocionales tan serias que conllevan ambas etapas, las más difíciles de todo este proceso.

Pero esto no termina aquí, con esta “fotografía” de una catástrofe, donde quedan las imágenes de lo que se llevó el huracán del cambio….

¿La buena noticia?

Atravesaremos otras etapas que nos llevarán a encontrar nuevas opciones y mejores alternativas y formas de ver y vivir.

En definitiva, a pasar de la adversidad a la oportunidad.

Éste será el tema del próximo post

 

 

¿Cómo recuperar la autoestima?

Imagen de Catherine McMahon
Imagen de Catherine McMahon

La autoestima fue el tema de la semana en Coaching para ti. Ese aspecto de nuestra personalidad que alerta ante las circunstancias adversas y la acción desconsiderada de terceras personas en su intento de vulnerar nuestros límites y decisiones.

En el programa anterior de enComunicacion hablamos de la importancia de establecer límites. En estos últimos días he escuchado varios comentarios sobre situaciones difíciles que atraviesan algunas personas en el ámbito laboral.

En todos los casos detecté un denominador común:  la valoración que tenían de sí mismas estaba siendo afectada y seriamente deteriorada por terceras personas, con el consecuente desánimo y pérdida de la ilusión que tenían por esa actividad o trabajo, además de malestar emocional y físico.

Por eso, es importante recuperar la autoestima, entendida como el valor que cada persona se otorga a sí misma según sean los pensamientos, sentimientos y experiencias sobre ella misma.

Este valor está muy ligado a la imagen propia que tenemos de nosotros mismos y a la aceptación de nuestras virtudes y defectos.

La “cotización” de este valor no se mantiene continua en el tiempo, sino que a veces fluctúa al alza o a la baja por condicionantes externos que afectan a la persona alterando a veces el concepto que tiene de sí misma.

Es importante conocer tres aspectos importantes que influyen en la autoestima:

  • los pensamientos, tanto los que impulsan como los que frenan o “intoxican” nuestra mente. No es lo mismo que nos digamos a nosotros mismos “soy capaz de hacerlo” que decirnos “es imposible, esto no lo puedo hacer”.
  • los valores que la persona tiene sobre quién es, qué habilidades y recursos tiene. Se trata de reflexionar sobre nuestros puntos fuertes y débiles, así como el entorno donde estamos.
  • las experiencias pasadas y presentes que le han conducido a la situación actual. Analizar qué ha sucedido o sucede en ese aspecto de nuestra vida o en otros que han afectado negativamente nuestra autoestima. Esto es muy importante. Es posible que nos encontremos con situaciones repetidas en donde cambian algunos personajes, pero el tema de fondo es el mismo.

Si notamos que estamos bajos de autoestima, ¿qué podemos hacer para recuperarla?

  • Saber cómo hemos llegado a ser lo que somos. Supone evaluarnos de la forma más objetiva posible sin fustigarnos, pero tampoco caer en la benevolencia. Tener en cuenta lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer para llegar a donde estamos ahora.
  • Identificar qué está alterando nuestra estabilidad emocional.
  • Tener la disposición total y absoluta de cambiar lo que nos perjudica, a pesar del esfuerzo, el dolor y otras posibles consecuencias
  • Invertir la forma de pensar. Cambiar el modo de pensar negativo a otro más positivo
  • No hacer generalizaciones sobre las malas experiencias que hayamos podido vivir, sino buscar respuestas sobre lo que hayamos aprendido.
  • Hacer una lista de los éxitos que hemos conseguido en todos los aspectos de nuestra vida
  • Evitar las comparaciones con los demás. Cada uno tiene su propio camino y forma de llevar su vida. Nadie es inferior ni superior a los demás. Cada persona destaca en unas cosas más que en otras.
  • Aceptarnos como somos y con todo lo valioso que tenemos como personas.

Todo esto nos motivará, nos hará sentirnos satisfechos con nosotros mismos, a encontrar fuerzas para seguir adelante, a superar dificultades…en definitiva y una vez más, a ser responsables y protagonistas de nuestra vida.

Poner límites

Los límites y su incidencia en lo laboral fue el tema que comentamos en Coaching para ti del programa enComunicación.

Recientemente he asistido a encuentros profesionales donde se reflexionó sobre la forma de relacionarnos y comunicarnos, además de hacia dónde podría dirigirse la sociedad del siglo XXI.

Pude comprobar que somos conscientes de los importantes retos y desafíos que encontramos en distintos ámbitos. Por eso, las palabras “límites” y “valores” estuvieron presentes en estos debates.

Por ejemplo, quiero destacar algunos de los muchos titulares de noticias como “Las denuncias por acoso laboral se disparan el 60% en 2015”, “Cómo detectar el maltrato psicológico”…..que reflejan duras y complejas realidades actuales.

¿Esto es nuevo? ¿es producto de nuestra sociedad? o ¿ha existido siempre?

Pienso que quizá el efecto amplificador de los medios y las redes sociales permite visualizar mejor un problema que siempre ha estado presente en las relaciones humanas.

Actualmente las circunstancias externas parecen potenciarlo aún más a consecuencia de la crisis económica y el aumento del desempleo.

A veces las normales exigencias de conseguir objetivos, aumentar la competitividad y mejorar el desempeño profesional, se desvirtúan y acaban en actitudes y expresiones ofensivas y de acoso psicológico.

Si nos fijamos en los casos de acoso, la falta de asertividad, el miedo a los demás y a las consecuencias o el poco amor propio hacen perder la confianza y el entusiasmo en la persona lo que permite el avance agresivo del acosador.

En este escenario, el dominio del pesimismo y la negatividad se hace patente. La persona entrega el “poder” sobre su vida a otro que considera superior por su posición jerárquica o su rol.

Surge entonces la disyuntiva entre cómo reaccionar para defenderse de estas agresiones y mantener la autoestima o resignarse por temor a perder la estabilidad laboral y económica.

En mi opinión, el miedo y la baja autoestima subyacen como algunos de los muchos factores comunes que se observan en estas situaciones.

De ahí la importancia de, ante el primer signo de falta de respeto o actitud agresiva, poner límites firmes marcando claramente nuestros derechos y espacio propio, diciendo NO a personas y situaciones que vulneran la consideración personal y profesional.

¿Cómo hacerlo?

  • Llamando a las cosas por su nombre, dejando la hipocresía y medias verdades que podamos decirnos para autoconvencernos sobre los hechos y las consecuencias
  • Aceptar las emociones que sentimos
  • Actuar con serenidad
  • Comunicar de forma adecuada con autenticidad, coherencia y respeto, pero sobre todo con firmeza.
  • Mantener un tono de voz neutro y calmado
  • Asumir las posibles reacciones contrarias de los demás sin perder de vista nuestra posición

En definitiva, por difícil que parezca, se trata de superar la situación de “víctima” y convertirnos en “protagonistas” de nuestra vida y nuestras circunstancias.

 

 

Establecer prioridades

Imagen de Splitshire
Imagen de Splitshire

En el programa enComunicación hablamos sobre la importancia de establecer prioridades.

A veces notamos en nuestra vida un cúmulo de exigencias y presiones que nos agobian y confunden sobre cuál sería el rumbo a seguir. Esto nos lleva a perder de vista los objetivos para nuestro desarrollo personal y profesional.

El tiempo es un recurso escaso, aunque a veces pensemos que es algo infinito y digamos “bueno, ya lo haré después, tengo tiempo aún..” Pero esto no es así. Por eso tenemos que cuidar mucho cómo gestionamos diariamente nuestro tiempo.

En nuestra vida existen tareas ordinarias, como las actividades cotidianas necesarias (comer, dormir, asearnos,….) y otras actividades que podríamos llamar “extraordinarias”, que son las que nos encaminan a los objetivos que queremos conseguir.

La mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzos deben emplearse en lo que es más importante para nuestros objetivos y propósitos.

Si no establecemos prioridades, nos agotaremos por querer atender muchos frentes. Esto producirá malestar y, más tarde o más temprano, frustración.

Se trata de evitar:

  • la dispersión de ideas y de involucración en actividades que no aportan valor
  • la pérdida de tiempo y de energía. Lo que conocemos como “ladrones del tiempo”. Por ejemplo, una tarea tan sencilla como revisar nuestro correo o whatsapp 1 ó 2 veces máximo por la mañana y 1 vez por la tarde.
  • la falta de atención hacía uno mismo. Cuando queremos arreglar la vida de los demás sin tener resuelta la nuestra.
  • la falta de asertividad y de ausencia de límites.

En el camino aparecerán situaciones urgentes que deberemos atender, bien porque no hayamos sabido planificar y organizar adecuadamente nuestro tiempo y tareas, o bien porque  formarán parte del contexto en continuo cambio que nos encontraremos.

De ahí la importancia de marcarnos una hoja de ruta, una agenda diaria de actividades a cumplir para conseguir nuestros objetivos. Además, será de gran ayuda también para saber cómo utilizamos el tiempo y aprender a optimizar este recurso.

Establecer prioridades supone

  • tener claro qué queremos conseguir,
  • centrarnos en lo importante
  • tener el coraje para decir “no”
  • establecer límites claros y definidos
  • ordenar las diferentes circunstancias en torno a ese objetivo,
  • planificar las acciones necesarias y
  • emplear la energía y todos nuestros recursos para conseguirlo.

En definitiva, organizarse y establecer prioridades implica ordenar nuestra vida en todas sus dimensiones para trabajar, descansar y disfrutar de nuestro tiempo.